La apertura formal del proceso supone el reconocimiento por parte de la Iglesia de la relevancia espiritual y apostólica de quien dedicó su vida a la formación de laicos comprometidos.
La jornada coincidió con la Semana de los Fundadores y estuvo dedicada especialmente al Padre Ángel Ayala, con motivo de la apertura de su proceso de beatificación.