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Dos son los grandes motores que nos mueven en la vida: el amor y la esperanza. (Ángel Herrera Oria)

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Otro miembro de la Asociación Católica de Propagandistas, camino a los altares

27 de mayo de 2026

  • León XIV aprobó el viernes la beatificación de Francisco Sánchez Trallero, dentro del proceso de martirio de Francisco González de Córdova y 79 compañeros, asesinados en la diócesis de Santander.

Por Pablo Sánchez Garrido (artículo publicado en El Debate)

Francisco Sánchez Trallero, una de las figuras juveniles más prometedoras del activismo católico-social de la Santander de los años treinta, se encamina hacia los altares dentro del proceso de martirio de Francisco González de Córdova y 79 compañeros, sobre los que el Papa León XIV firmó el decreto de martirio el pasado 22 de mayo. Esto significa que muy probablemente será declarado formalmente beato antes de que concluya el año dentro de una ceremonia de beatificación en Santander.

Nacido en la capital montañesa hacia 1913, Sánchez Trallero creció en el seno de una conocida familia local; era hijo del comerciante Francisco Sánchez Sobaler, miembro del Círculo Mercantil, y de Pilar Trallero Ameal. Su brillante expediente académico en el colegio Cántabro y en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza —donde habían estudiado Menéndez Pelayo y Pereda y donde llegó a obtener diversas matrículas de honor recogidas por la prensa de la época— vaticinaba un futuro brillante en el derecho, carrera que comenzó tras licenciarse como bachiller en 1928.


Un orador brillante en tiempos convulsos

A pesar de su juventud, pues apenas contaba con 23 años en el verano de 1936, Francisco se había convertido en un referente del tejido asociativo y cultural católico de Santander. Quienes le conocieron destacaban su extraordinaria capacidad como orador. Desde las tribunas, el joven no dudaba en sacudir las conciencias de sus correligionarios, reprochando en sus discursos el abandono de los deberes cristianos y llamando a reconquistar la fe a través del ejemplo de las buenas acciones. Un tema recurrente en sus intervenciones era la Doctrina Social de la Iglesia.

Su actividad fue frenética: ejerció como vicepresidente y presidente de la Unión Diocesana de la Juventud de Acción Católica —Juventud Católica—, lideró la Federación Montañesa de Estudiantes Católicos y estuvo al frente de la Extensión Universitaria de la Universidad Católica, además de inscribirse en la formación Acción Popular. Su liderazgo católico le llevó a compartir mesa en Burgos con figuras de la talla del Siervo de Dios Ángel Herrera Oria y el venerable Manuel Aparici, participando de forma activa en la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), de la que era miembro, así como de Acción Católica. Su último gran acto público tuvo lugar el 1 de julio de 1936, cuando inauguró los Cursos de Verano católicos de Santander junto al Marqués de Lozoya y al futuro ministro y presidente de la ACdP Alberto Martín-Artajo, defendiendo que dichos cursos debían seguir la estela intelectual del gran polígrafo cántabro Marcelino Menéndez Pelayo.

Detención y reclusión en el ‘Alfonso Pérez’

El estallido de la Guerra Civil truncó drásticamente su destino. El 18 de noviembre de 1936, Francisco fue llamado a filas. En el propio cuartel militar, un tribunal improvisado presidido por un secretario del dirigente socialista Bruno Alonso lo catalogó como «sospechoso». Esa misma noche, las milicias lo arrestaron en el domicilio familiar de la calle Isabel la Católica, número 1. En el interrogatorio fue acusado de pertenecer a Acción Católica, una organización que era estrictamente religiosa y apolítica, como él argumentó.

Tras un breve paso por la checa de Neila y la Prisión Provincial, el 20 de noviembre fue conducido al buque Alfonso Pérez, reconvertido en barco prisión y fondeado en la bahía santanderina. Registrado con el número 2518 en la bodega número dos, las actas de incautación de la época reflejan que se le requisó la cantidad de 196,55 pesetas.

Martirio en la bodega del barco

Tras unas condiciones infrahumanas de reclusión –temperaturas extremas, alimentación precaria, hacinamiento, etc.–, el horror se desató la tarde del 27 de diciembre de 1936. Tras un bombardeo aéreo sobre la ciudad, una muchedumbre exaltada, encabezada por milicianos socialistas y de la FAI, asaltó el buque con la intención de realizar una ejecución masiva.

Según los testimonios recogidos con posterioridad, los milicianos ordenaron avanzar hacia la escotilla a una serie de prisioneros. Francisco, lejos de esconderse, dio un paso al frente de manera decidida. Según algún testimonio, el joven Francisco aprovechaba su elocuencia para pronunciar palabras de esperanza y exhortar a sus compañeros a mantenerse fuertes en la fe. Poco después, las milicias abrieron fuego a quemarropa con fusiles y ametralladoras, lanzando también bombas de mano al interior de la bodega. Sánchez Trallero cayó asesinado junto a decenas de prisioneros, entre ellos el sacerdote Francisco González de Córdova. Era solo la primera fase de la masacre.

Tras la toma de Santander en 1937, su padre, Francisco Sánchez Sobaler, pudo testificar sobre los hechos y lograr la inscripción oficial de la defunción. El cuerpo del joven fue finalmente localizado y exhumado en el cementerio de Ciriego, donde se logró su plena identificación en el ataúd número 98.

Es importante que su memoria siga viva hoy. Su nombre figura grabado en la lápida conmemorativa del altar de los Mártires de la parroquia del Santísimo Cristo, desde donde sus restos, junto con los de otros compañeros mártires, fueron posteriormente trasladados a la catedral de Santander, donde se ha preparado una nueva capilla dedicada a estos mártires, en la que una placa de olivo tallada recordará para la posteridad el sacrificio de Francisco Sánchez Trallero y sus compañeros mártires.

La causa de beatificación del sacerdote Francisco González de Córdova y sus 79 compañeros mártires —que incluye a laicos como Francisco Sánchez Trallero— inició formalmente su apertura diocesana en julio de 1996 bajo el mandato del entonces obispo de Santander, monseñor José Vilaplana.

Tras más de dos décadas de recopilación de testimonios y documentos, esta primera etapa tuvo su clausura oficial el 28 de julio de 2018 por el obispo Manuel Sánchez Monge, remitiendo todo el expediente a la Santa Sede. Finalmente, el proceso penal y teológico ha culminado con la aprobación por parte del Papa León XIV, quien firmó el decreto definitivo que reconoce su martirio por «odio a la fe» el 22 de mayo de 2026, despejando el camino para su próxima elevación a los altares.

Noventa años después de su martirio en las bodegas del barco prisión Alfonso Pérez, el listado de los beatos de la Iglesia católica incluirá a este joven líder y propagandista cristiano que ofreció su vida por la fe.

Otros testimonios sobre Francisco Sánchez Trallero

De él afirmó el obispo de Santander José Eguino y Trecu, en la oración fúnebre pronunciada el 17 de enero de 1938: «Modelo de jóvenes cristianos, joven que confesó valientemente a Dios delante de los hombres con la ejemplaridad de su vida, con la elocuencia de su palabra, con su actividad constante en la organización de la Acción Católica, con la sangre de sus venas… Y ¿qué decir de su actitud ante el tribunal que le tomó declaración? Declaró que por la gracia de Dios era católico; que pertenecía a la Juventud Católica y era su presidente en la Montaña. Como le arguyeran diciendo que la Acción Católica era una organización política, protestó enérgicamente contra la acusación diciendo que la Acción Católica nunca había sido ni era política. Y sin más crimen fue detenido y llevado al ‘Alfonso Pérez’, donde en medio de los sufrimientos se preparó, despegando el corazón de las cosas terrenales para recibir la corona del martirio».

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