Enrique García-Máiquez, en la noche de santo Tomás Moro: “Yo escribo los sustantivos, pero el Verbo es Jesús”
25 de junio de 2026
La Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, obra de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), ha celebrado, este jueves 18 de junio, la segunda edición de la Noche de Santo Tomás Moro, un encuentro concebido para reunir a quienes comparten la convicción de que la cultura, el pensamiento, el arte y la comunicación han de estar al servicio de la persona y del bien común.
La velada, inspirada en la figura del santo inglés, recordó la vigencia de su testimonio como referente de la primacía de la conciencia, del compromiso con la vida pública y de la búsqueda de la verdad. Como se destacó durante la presentación, la vida y el pensamiento de Santo Tomás Moro muestran que la cultura no puede desligarse de aquello que es verdadero, justo y bueno.
El director general de la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, Rafael Sánchez Saus, subrayó la misión de esta institución, nacida para promover la cultura cristiana en todas sus expresiones. En su intervención planteó una cuestión de fondo: «¿Es posible hoy una cultura cristiana?». A su juicio, la sociedad actual y gran parte del mundo cultural «se mueven desde hace tiempo en una cosmovisión que ha dejado de ser cristiana». Sin embargo, reivindicó la vocación de la Fundación de contribuir «a un cambio radical en el sentir de la cultura actual», consciente de que, aunque todavía sea una institución modesta, no lo son sus aspiraciones.


La conferencia central corrió a cargo del poeta, ensayista y articulista Enrique García-Máiquez, una de las voces más reconocidas del panorama cultural español, cuya obra se caracteriza por una mirada capaz de descubrir lo extraordinario en lo cotidiano desde una profunda inspiración cristiana. «Se nos convoca a reflexionar y a celebrar el modo católico de estar en la literatura, las artes y el cine en España», comenzó afirmando. Bajo el patrocinio de Santo Tomás Moro —explicó— se reúnen valores como «el compromiso con la vida pública, el amor por la tradición de los clásicos, el buen humor, la capacidad de adaptarse a todas las circunstancias y la primacía de la conciencia».
El escritor reconoció que ser católico en el ámbito cultural sigue presentando dificultades, aunque defendió que estas deben afrontarse con serenidad y espíritu de comunión. «De lo que se trata es de mirar y sentir el mundo en cristiano», afirmó, reivindicando una identidad que no depende únicamente de la práctica religiosa, sino de una forma de comprender la realidad iluminada por la fe.

García-Máiquez expresó también su orgullo por ser un escritor católico, rechazando cualquier separación entre su vocación literaria y su identidad cristiana. «Yo escribo los sustantivos, los adjetivos y hasta los adverbios, pero el Verbo es Jesús», señaló, subrayando que la inspiración última de su escritura encuentra su fundamento en Cristo.
Durante su intervención propuso también un decálogo para quienes trabajan en el ámbito cultural desde la fe. El primer punto fue una invitación a abandonar el victimismo. «Lo primero que creo que tenemos que hacer los católicos en la cultura es rechazar el victimismo». A continuación reivindicó la alegría, recordando la célebre oración de Santo Tomás Moro: «Dame, Señor, el sentido del humor». Otro de los ejes de su reflexión fue la pluralidad de vocaciones dentro de la Iglesia. «La verdad no uniforma, la verdad une», afirmó, para defender que no existe una única manera de ser escritor o artista católico. Junto a ello, animó a cultivar la tradición, leer a los grandes clásicos, mirar con atención las turbulencias del presente, buscar siempre la verdad y hacer de la amistad uno de los pilares de la vida cultural.

