Una veintena de propagandistas participan en los Ejercicios Espirituales de Loyola
24 de septiembre de 2026
Más de veinte propagandistas de los Centros de Bilbao, San Sebastián, Zaragoza, Castellón y Madrid, entre ellos el presidente de la ACdP, José Masip Marzá, participaron en la tanda anual de Ejercicios Espirituales en el Santuario de Loyola (Azpeitia, Guipúzcoa), dirigidos por el padre Guillermo Contín Ayllón, consiliario del Centro de Zaragoza de la ACdP.
El encuentro reunió a los participantes en el lugar que vio nacer a san Ignacio de Loyola, donde compartieron unos días de oración, reflexión y encuentro con Dios, siguiendo la espiritualidad ignaciana.


Para Javier de Miguel, uno de los asistentes, que lleva veinte años participando en estos Ejercicios, Loyola tiene un significado especial, tanto por su vinculación con san Ignacio como por la manera en que allí se vive la fe. A continuación, comparte su testimonio personal sobre esta experiencia:
Alzamos la mirada al cielo de Loyola
Hicimos presencia, un año más, en el Santuario de Loyola para tomar parte en la tanda de Ejercicios Espirituales, al abrigo del profundo significado que tiene para los propagandistas pisar la tierra que vio nacer al gran san Ignacio, dejándonos abrazar por una espiritualidad que hacemos nuestra y asumimos como propia. Un año más, es cierto, pero como si de la primera vez se tratara.
Y vamos dando los primeros pasos, marcados por el ánimo bien dispuesto que nos ha traído hasta este lugar santo y la generosidad a punto, guiados por la esperanza que no defrauda y arrebatados por la vivencia del encuentro con Cristo. Ya situados en los Principios y Fundamentos, franqueando el pórtico de los Ejercicios, van surgiendo los primeros interrogantes, que se elevan a la categoría de interpelación y se refieren a cuestiones tan esenciales como la búsqueda del sentido de la vida, el fin para el que hemos sido creados, conocer adónde vamos y delante de quién vamos. Y, como cuestión previa, surge dar primacía a la urgente necesidad de conversión para lograr sanar los ojos del corazón y permitir dejar espacio a la acción de Dios para ordenar nuestras vidas.
De esa manera, podemos interiorizar que Dios tiene pensado un plan para cada uno de nosotros desde la creación del mundo y, desde la «santa indiferencia», estaremos más próximos a cumplir los objetivos de alabar, adorar, servir a Dios y salvar el alma; y todo ello, siempre, ad maiorem Dei gloriam. Los Ejercicios vienen a ser el instrumento que nos permite estar atentos a la mirada de Dios para pedir, desde la humildad más clamorosa, la gracia del Señor, que no permanece ajeno a este llamamiento que nos hace, que es real y que espera que maduremos en la respuesta desde la más amplia generosidad.
El camino que recorremos en Loyola tiene uno de los momentos más sublimes en la Eucaristía que celebramos en la Capilla de la Conversión, junto a la imagen de san Ignacio postrado en la cama, sanando las heridas del cuerpo y del alma, en ese mismo lugar en el que supo responder a la llamada del Señor. Cuando, a media tarde, nos alejábamos del Santuario de Loyola, nos iluminaba un «sol que nace de lo alto» y rememorábamos las palabras de Pedro en el monte Tabor: «Señor, ¡qué bien se está aquí!».
Javier de Miguel, propagandista del Centro de Bilbao de la ACdP


