GRANDA Y GRANDA, Luis María. S.I. Cangas de Onís (Asturias), 2.I.1906 – Lima (Perú), 19.VII.1978. Farmacéutico. Sacerdote jesuita.
Después de estudiar el bachillerato en los colegios de los Hermanos de La Salle, Jesuitas y Agustinos de San Lorenzo de El Escorial, ingresó en la Universidad de Madrid, cursó los estudios de Farmacia hasta graduarse. Socio inscrito de la A.C.N. de P., ingresó en el Noviciado de la Compañía de Jesús de Aranjuez, el 13 de noviembre de 1930. A los pocos meses de hacer los votos del bienio en Chevetogne (Bélgica), fue destinado a Hispanoamérica. Fue subprefecto en el colegio de San Calixto de La Paz, en dos ocasiones (1935-1936 y 1939-1940), y completó los estudios de Humanidades en Arequipa, ayudando al mismo tiempo en la denominada “Escuela Apostólica”.
Pasó a Colombia a cursar la Filosofía (1940-1941), e hizo la Teología en Granada (1942-1944). Se ordenó sacerdote el 1 de Julio de 1944. Efectuó la tercera probación en Salamanca (1946-1947), e hizo los últimos votos el 2 de febrero de 1948. Pasó casi 20 años de su vida sacerdotal entregado al Apostolado del “Hogar del Trabajo”, en Madrid, residiendo en la calle Almagro, n. 6 (1948-1967). Allí como consiliario creó una obra eficaz de formación juvenil. Volvió a Perú con ocasión de una misión conciliar en 1967 y allí permaneció hasta su muerte.
Estuvo unos meses como operario de la Residencia incoada de Chiclayo. De allí vino al Colegio de la Inmaculada, donde ejerció la dirección espiritual de los alumnos mayores (1968). Al año siguiente fue destinado a Miraflores, a la residencia de Fátima, que fue su centro de operaciones para las múltiples obras de apostolado que realizó. Fue Capellán y asesor espiritual de varios Colegios nacionales y religiosos, como Alfonso Ugarte, Arnáiz, José María Eguren, San Luis de Barranco y en la Universidad Villarreal, pero su actividad más constante y entregada fue la formación humana y espiritual en el colegio militar Leoncio Prado y el grupo juvenil que fue reuniendo poco a poco en un par de habitaciones de Fátima y que, al multiplicarse, movió a los superiores a concederle un amplio sector del área del antiguo Noviciado de Miraflores. Esta comunidad de vida cristiana, convertida en la Agrupación “Siempre”, mereció todas sus energías y dinamismo.
En 1968 le fue concedida la profesión solemne, realizada el 2 de febrero. A mediados de 1967 su salud fue declinando. Consultados los médicos, diagnosticaron cáncer de hígado. Los más optimistas le pronosticaron pocos meses de vida. Con indomable voluntad quiso dar hasta la última gota de su existencia a las obras apostólicas de juventud en que se hallaba empeñado. No exageramos si decimos que ese temple de su ánimo le prolongó la vida más allá de lo que los médicos habían augurado. Antes de amanecer ya estaba en pie para hacer su oración, y a las 6:30 a.m., todos los días, las últimas semanas, apoyado en un bastón, y casi arrastrándose, subía al volkswagen de los Hermanos Maristas para celebrarles la santa misa en el colegio San Luis de Barranco, servicio que mantuvo hasta el día en que fue llevado al hospital. En el hospital del Seguro Social nº 2, ex-hospital del Empleado, fue internado el sábado 8 de julio. Allí el estado de su salud fue agravándose, sobre todo en los dos últimos días, en que las hemorragias fueron incontenibles.
Falleció a las 20:00 p.m. del miércoles 19 de julio. En los últimos momentos se encontraban junto a su lecho de muerte los padres Alfonso Arana, superior de Fátima, Enrique López-Dóriga y Eduardo Benito. Sus restos se velaron en la antigua capilla doméstica de Fátima. Al día siguiente del fallecimiento llegó de España su hermano, el P. Eduardo, que con el padre socio y el P. Alfredo Arana, presidió la concelebración córpore insepulto, que en la mañana del día 21 reunió a más de cuarenta jesuitas. La Iglesia de Fátima estaba llena de su querida juventud y de Delegaciones de los Colegios y Centros Superiores donde el P. Granda fue consejero y asesor. Pronunció emotiva homilía el P. Alfredo Noriega, quien conoció al P. Granda en la Apostólica de Arequipa, allá por 1935. En P. Noriega recordó los grandes amores que animaron la existencia del P. Granda: amor, sobre todo a Jesucristo, a la Iglesia, al Perú, a la juventud. Fue ello, justamente lo que, siendo estudiante, había motivado su vida religiosa. En su libreta personal se lee que como ministerio que más le atrae señala: “formación de la juventud”. Como orientación de su vida señala: “entrega total a Jesucristo en los votos; entrega a los hombres; gran amor a la Iglesia jerárquica”. Sus restos fueron sepultados en Villa Kostka (Huachipa).
Francisco José ARMAS QUINTA, José Martín BROCOS FERNÁNDEZ, Juan Carlos MACÍA ARCE
Bibl.: ARCHIVO HISTÓRICO DE LA PROVINCIA CANÓNICA DE TOLEDO, S.J., Alcalá de Henares; REDACCIÓN, “Primera reunión nacional de técnicos de Acción Católica”, ABC, 1 de mayo de 1949, pág. 27; S.I., Noticias breves de la Provincia de Toledo, 159 (11 de septiembre de 1978); A. NIETO, S.I., “P. Luis María Granda (Tol.)”, en COMPAÑÍA DE JESÚS. PROVINCIA DE PERÚ, Noticias, Agosto 1978, págs. 15-16; A. SÁEZ ALBA (pseudónimo de A. ROJAS MARCOS), La Asociación Católica Nacional de Propagandistas y el caso de “El Correo” de Andalucía, París, Ruedo Ibérico, 1974; L. DE ALMOGUERA y J. L. BENÍTEZ, Escritos del P. Eduardo Granda, S.I. 1965-1986, Madrid, Comunidad de Grupos Católicos Loyola, 2000; COMUNIDAD DE GRUPOS CATÓLICOS LOYOLA, Biografía del P. Eduardo Granda y Granda, S.I., Madrid, Comunidad de Grupos Católicos Loyola, 2000.

