IBAÑEZ MARTIN, José. Valbona (Teruel), 18.XII.1896 – Madrid, 21.XII.1969. Ministro de Educación Nacional (1939-1951). Propagandista de los Centros de Murcia y de Madrid.
Licenciado en Filosofía y Letras (Sección de Historia) con Premio Extraordinario por la Universidad de Valencia en 1918, concluyó dos años después y en la misma universidad la carrera de Derecho, también con Premio Extraordinario. Sobre él ejerció una gran influencia la lectura de las obras de Marcelino Menéndez Pelayo. Vinculado desde sus años de estudiante al catolicismo social, en Valencia frecuentó el Centro Escolar y Mercantil del padre José Conejos S.J., donde destacó entre los jóvenes por su empeño en el estudio, su oratoria y su vocación política. De hecho, vivió los prolegómenos de la implantación de la ACNdeP en aquella región.
En el año 1922, Ibáñez Martín ganó, con el número 1, la cátedra de Geografía e Historia del Instituto de Enseñanza Media de Murcia, y fue nombrado secretario del Centro de Murcia de la asociación, un foco clave de formación de propagandistas. Vinculado al Partido Social Popular, con el inicio de la Dictadura de Primo de Rivera fue elegido concejal, además de miembro de la Diputación de Murcia. En estos puestos comenzó a despuntar su dilatada carrera política, primero como teniente de alcalde del Ayuntamiento y más adelante como presidente de la Diputación Provincial (1926-1930). También fue miembro de la Asamblea Nacional durante el periodo 1927-1930. Esta dedicación orilló su incipiente carrera intelectual. Por otro lado, en Murcia, en la ciudad de Lorca, contrajo matrimonio con María de los Ángeles Mellado y Pérez de Meca, condesa de Marín, con quien tuvo siete hijos, de los que dos niñas fallecieron de corta edad,
En 1930 se afilió a la Unión Monárquica Nacional y empezó a colaborar con la revista Acción Española. Sólo unos meses después se convirtió en uno de los integrantes de la asamblea constitutiva de la plataforma política Acción Nacional. Bajo la falsa acusación de estar vinculado en el fallido golpe de Sanjurjo, fue encarcelado en agosto de 1932 y tras su puesta en libertad, se presentó candidato electoral de la CEDA por Murcia de cara a las elecciones de noviembre de 1933, si bien ya residía en Madrid tras haber ganado, igualmente con el número 1, la cátedra en el Instituto San Isidro de Madrid. Elegido diputado, jugó un papel determinante en la política de instrucción pública del partido.
En julio de 1936 fue, con la familia, a El Escorial, de vacaciones. Tras el asesinato de Calvo Sotelo volvieron de inmediato a Madrid, donde su mujer, con sus hijos, alquiló un piso, con otro nombre, mientras que él se escondió en casa de unos parientes lejanos, hasta pocos meses después en que toda la familia de su mujer se pudo refugiar en la legación de Turquía. Pasado un cierto tiempo, la legación consiguió permiso para enviar a sus refugiados, en barco, desde Valencia hasta Turquía, si bien en Sicilia consiguieron todos volverse a España, por diversos medios. La familia se reunió en Burgos y allí recibió un nombramiento oficial para, con unos pocos intelectuales, visitar diversas naciones de Hispanoamérica, para promover el conocimiento de las razones y bondades del alzamiento nacional. A su vuelta, meses más tarde, colaboró con el Ministerio de Educación Nacional, que Franco había situado en Vitoria.
En agosto de 1939 fue nombrado ministro de Educación Nacional, cargo vacante desde abril por el cese de Pedro Sainz Rodríguez, y que ocupó hasta su cese en julio de 1951. Ibáñez Martín se caracterizó en estos años por su lealtad personal a Franco, aunque llevó consigo su propio programa de gobierno. Su primera creación, por ley de 24 de noviembre de 1939, fue el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo del que fue presidente hasta 1967 y, hasta su muerte, presidente honorario. Los autores intelectuales de esta ley fueron el propio Ibáñez Martín y otro propagandista, José María Albareda, que iba a ser el secretario general del organismo, y con quien había trabajado en Vitoria.
Bajo su batuta, este ministerio se convirtió en una esfera de influencia importante para los hombres de la ACNdeP. Dos de las Direcciones Generales en las que se dividía el ministerio llegaron a estar ocupadas por personalidades de la Asociación: Luis Ortiz Muñoz, en Enseñanza Media y Juan de Contreras y López de Ayala, marqués de Lozoya, en la Dirección General de Bellas Artes. Otros miembros de la ACNdeP, como Pedro Rocamora, accedieron a puestos directivos en este ministerio. Incluso se planteó la posibilidad, que no llegó a materializarse, de encargar una dirección al presidente de la asociación, Fernando Martín-Sánchez Juliá.
Sin embargo, durante los primeros años 40, su actividad al frente del Ministerio no fue siempre vista con buenos ojos entre algunos de sus compañeros propagandistas, que le tacharon de tolerar tendencias excesivamente estatistas frente a los intereses de la educación de las órdenes y congregaciones religiosas. En 1944, en la asamblea de Loyola de la ACNdeP, salió al paso de sus detractores. Es cierto, sin embargo, que recibió críticas de algunos sectores religiosos, que bloquearon su intento de reformar la Enseñanza Media.
De su etapa como ministro destaca la importancia que otorgó a los tradicionales Colegios Mayores, creando algunos de ellos en las ciudades con universidad, y aprobando una legislación que contribuyó a estructurar la formación educativa de los españoles durante varias décadas, mediante las leyes de Ordenación Universitaria, del 29 de julio de 1943, y la Ley de 17 de julio de 1945 sobre de Educación Primaria. Ambas leyes, elaboradas con el concurso de la Jerarquía eclesiástica, permitieron a la Iglesia estar presente en todos los niveles educativos, ofreciendo a los alumnos la enseñanza del dogma y la moral católica, así como la posibilidad de crear universidades y escuelas de magisterio, al margen de las estatales. Igualmente subvencionó no pocas iniciativas católicas, aunque sin llegar a abrazar las tesis cercanas al sociedalismo de algunos de sus detractores. Por otra parte, procuró la rápida terminación del proceso de depuración del profesorado, que habían iniciado sus predecesores y él completó, así como reservó para el Estado la orientación general de la enseñanza y del acceso a la docencia.
También bajo su mandato, y por orden ministerial de 11 de julio de 1945, se reconoció al CEU como Centro adscrito a la Universidad de Madrid con lo que quedaba equiparado a los tres centros docentes de ámbito privado que en aquellas fechas existían en España y, así, reconocida su docencia: Sacromonte de Granada, María Cristina de El Escorial y Deusto. También, bajo el mandato de Ibáñez Martín y por Orden Ministerial de 21 de julio de 1944, se aprobó el reglamento del Colegio Mayor San Pablo.
Entre 1945 y 1951, se hizo cargo de las competencias de “educación popular”, es decir, de control de los medios de comunicación. El Ministerio de Educación, del que dependían cuestiones tan distintas como la autorización de los nombramientos de los directores de periódico, los tribunales de las cátedras universitarias o el gobierno del Ateneo de Madrid, de la Real Academia Española y de los patronatos del CSIC, gozó de un notable peso en la vida cultural del país. Sostuvo, en este trance, una tensa relación con los grupos intelectuales que aspiraban a concentrar este poder al servicio de sus distintos proyectos político-culturales.
En cualquier caso, probablemente su más grande y desconocido empeño fue el esfuerzo reconstructor de la enseñanza española en la posguerra. Ibáñez Martín y sus pocos colaboradores se afanaron para construir nuevas escuelas, institutos, universidades y museos, a pesar de sus escasas disponibilidades presupuestarias. En julio de 1951, agotado, dejó la cartera de Educación que pasó a manos del también propagandista Joaquín Ruiz-Giménez. Tras su cese como ministro se mantuvo como una personalidad relevante dentro del Régimen. En efecto, fue procurador en Cortes durante el periodo comprendido entre 1943-1967.y, en 1951, Franco le designó presidente del Consejo de Estado, cargo que ocupó hasta 1958, pasando entonces a Embajador de España en Lisboa, donde permaneció hasta 1969, momento en el que regresó a Madrid, muriendo pocos meses después. Recibió sepultura en el panteón familiar del cementerio de la Almudena en Madrid.
En 1967 había ingresado en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, con el discurso “Suárez y el sentido cristiano del poder político”. Fue además Miembro Numerario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Doctor honoris Causa de las Universidad Católica de Santiago de Chile (1938), la Universidad de Sevilla (1956), la Universidad de Oviedo (1960) y la Pontificia de Salamanca (1966). A lo largo de su vida recibió numerosas condecoraciones nacionales y extranjeras, entre las que señalamos: Gran Collar de Alfonso X “El Sabio” y Grandes Cruces de Carlos III, Isabel la Católica, Alfonso XII, Orden de Cisneros, Orden de San Raimundo de Peñafort, Mérito Naval, Orden Imperial del Yugo y las Flechas, junto con San Gregorio el Magno (Vaticano), Boyacá (Colombia) Cóndor de los Andes (Bolivia), Libertador (Argentina), Mehdauía (Marruecos), Sol de Perú., además de las portuguesas Santiago da Espada, Orden del Infante Don Henrique, Orden de Cristo, Instrucción Pública y Orden del Imperio, donde nunca se habían dado a un embajador tantas condecoraciones.
Cristina BARREIROS GORDILLO, José Antonio IBÁÑEZ-MARTÍN MELLADO y Carlos VECI LAVÍN
Obras de ~: A lo largo de su trayectoria docente escribió libros de texto muy populares en los centros de enseñanza. Más tarde concentró sus esfuerzos en la política y comunicó a sus colegas que dejaba de editar sus manuales de bachillerato. Ha legado prólogos como el escrito para la Edición Nacional de las Obras Completas de Menéndez Pelayo (CSIC, 1940) o discursos de indudable belleza como Símbolos hispánicos del Quijote (RAE, 1947), Los Reyes Católicos y la unidad nacional (Magisterio Español, 1951) o Suárez y el sentido cristiano del poder político (Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, 1967), etc.
Bibl.: Archivo General ACdP-CEU; IBÁÑEZ MARTÍN, José Antonio: José Ibáñez Martín en el centenario de su nacimiento. Zaragoza, CSIC, 1998; BARREIRO GORDILLO, Cristina, “La ACNdeP y su papel político en el primer franquismo”, Hispania sacra, 142, 2018, pp. 681-689; VECI LAVÍN, Carlos, SERRANO PELEGRÍ, Fernando, VARELA OLEA, José Manuel, GUTIÉRREZ CARRERAS, Rosario, “Los primeros educadores de la ACdP y del CEU (segunda parte)”, MARTÍNEZ-CARBONELL, Alfonso, SÁNCHEZ-SIERRA, Ana, SANTOS RODRÍGUEZ, Patricia, Una pedagogía desde el humanismo cristiano La identidad educativa del CEU. Sus iniciadores, su historia, sus principios, sus retos, Dykinson, Madrid, 2025, pp. 321-348; VECI LAVÍN, Carlos: José Ibáñez Martín: catolicismo, política y educación. Madrid, CSIC, 2025.

